Inapetencia ¿Qué Hacer Cuando No Quieren Comer?


Uno de los problemas más comunes que tienen los padres a la hora de alimentar a sus hijos es la inapetencia -o falta de apetito-, lo cual suele ser una gran preocupación.

Casualmente, era uno de los problemas que más traían de cabeza a mis padres conmigo, por lo que he vivido en primera persona tanto los buenos métodos como los inadecuados.

Por ello, vamos a repasar como puede esta inapetencia ocurrir, y con que trucos contamos para conseguir que nuestros hijos estén bien alimentados.

ÍNDICE GENERAL:

 LA INAPETENCIA, UNO DE LOS PROBLEMAS MÁS COMUNES

Antes que nada, hay que dejar claro que el niño, a diferencia del adulto, se guía muchísimo por la energía consumida con los alimentos, provocando, cuando ésta ha sido alta, saciedad e inapetencia.

Por ello es aconsejable respetar, dentro de lo posible, la sensación de saciedad o de hambre que muestre el niño, como también hay que tener en cuenta que pasado el primer año de vida la voracidad del niño disminuye. Esto es normal, pues también disminuyen los requerimientos, al tener una menor tasa de crecimiento.

  • Si la inapetencia del niño es puntual (como, por ejemplo, durante el padecimiento de enfermedades), será conveniente fraccionar las comidas, enriquecerlas nutricionalmente y servirlas en pequeños volúmenes, ofreciendo preferiblemente los líquidos entre comidas, teniendo en cuenta que este estado remitirá al mejorar el niño.
  • Por otro lado, si la inapetencia es crónica (esto es, que se repite y mantiene en el tiempo), será conveniente llevar al niño al pediatra a fin de encontrar la causa de esta inapetencia, pues podría deberse tanto a algo natural como a una enfermedad.

Del mismo modo, esa inapetencia (particularmente para verduras o frutas) podría ser falsa y debida a la toma de golosinas, zumos azucarados, batidos de leche, alimentos procesados u otros alimentos similares a lo largo del día -lo que hace que no desee comer a sus horas, o que rechace alimentos naturales-, causa que podríamos suponer si el niño presenta un crecimiento normal.

 

TRUCOS EN EL MENÚ PARA LA INAPETENCIA DEL NIÑO

En primer lugar, es conveniente que comer sea siempre un momento de placer donde descubrir nuevos sabores, nuevos aromas y disfutar tanto como sea posible. Por ello, es conveniente:

Fraccionar las comidas en cuatro/cinco principales sin picar entre las mismas, para llegar a la hora de comer con ganas.

Ofrecer los alimentos en pequeñas porciones y no muy secos -como, por ejemplo, sustituir por carnes en salsa, de fácil deglución, las hechas a la plancha, mucho más difíciles de masticar y deglutir-.

Incluir alimentos nuevos en formas que puedan tener mayor aceptación, como tortillas, con patatas, dentro de platos que le gusten mucho, etc. Sé consciente del rechazo natural a estos alimentos y nunca pierdas la paciencia. Llega con él a acuerdos (“como mínimo tienes que probarlo”, “sólo una cucharada”, etc.) para que, como mínimo, prueben un poco cada vez que se presente dicho alimento en su menú, subiendo lentamente esa toma, teniendo en cuenta que el proceso es largo y continuado.

-Será recomendable enseñar el sabor de los alimentos, evitar presentar un alimento exclusivamente como sano, sino mostrar que su sabor es bueno y es tomado con gusto, “vendiéndoselo” al niño (por ejemplo, introduciéndolo en una historia o cuento hablando sobre lo bueno que era, jugando con él a comérselo, mostrando lo mucho que nos gusta a los “mayores”, etc.).

 

ESTRATEGIAS DE COMPORTAMIENTO PARA UNA MAYOR ACEPTACIÓN

Por otro lado, existen una serie de estrategias y pautas recomendadas a la hora de comer. Algunos de los más importantes son:

Comer en la mesa, sin distracciones como la tele, juguetes, etc., en un ambiente relajado donde las discusiones se dejen para después (sin, por supuesto, previa amenaza), entreteniéndolos ocasionalmente con cuentos o historias. Si a la hora de comer es cuando juzgamos o castigamos su comportamiento del día, tareas u obligaciones, temerán la comida como a un examen, perdiendo el apetito día tras día por la ansiedad que generará.

No castigar al niño, chantajearlo u obligarlo cuando no quiera -o pueda- comer más, pues no se obtendrá así jamás un resultado positivo -¡y sé de qué hablo!-.
Si el niño no come, pasado un tiempo se le retirará el plato y no comerá hasta la siguiente comida principal, evitando que desarrolle el hábito de picar entre horas para compensar su capricho, que será la tendencia obvia en estos casos.
Enfadarse, gritar, etc. está totalmente desaconsejado, pues relacionará la hora de comer con castigos o malas sensaciones. Y, por supuesto, “recompensar” con dulces u otros a cambio de que se coma algo del plato está, igualmente, desaconsejado.

-Por otro lado, sería bueno evitar, en lo posible, que niños pequeños copien de los hermanos mayores (y, por supuesto, de los padres) el rechazo a determinados alimentos. En este caso, es con los hermanos mayores con quienes hay que trabajar para lograr no solo que no enseñe malos comportamientos, sino que sea uno más ayudando en que los peques coman bien.

-Por último, no dejar de escuchar al niño, aunque no olvidando que hay que enseñarle sin miedo a imponerte. La paciencia, la constancia, no rendirse y el cariño (especialmente esto último) serán claves para una correcta enseñanza. Y recuerda que aún no tienen la capacidad para razonar como un adulto: tratar de enseñarle solo por la lógica y esperar que responda como se esperaría de un adulto sería forzarlo, pecando de ilusos.

 

BASES BIBLIOGRÁFICAS Y LECTURAS RECOMENDADAS

– Gil Hernandez, A. Tratado de Nutrición, tomo III. Nutrición humana en el estado de salud. Editorial Médica Panamericana. Mayo 2010.

 

Sergio Carmona Torres
Dietista-Nutricionista